Agradecimientos


Esta obra es producto de años de investigación en los cuales el intercambio con colegas fue fundamental para el avance de este trabajo. A principios de 2010 comencé este proceso, para octubre del mismo año ingresé al doctorado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, en donde me acogí al Programa de Posgrado Participativo sin cuya semigratuidad no hubiera podido comenzar mis estudios, ya que durante los primeros años realicé este trabajo sin financiamiento. Fue hacia principios de 2014, ya en la última etapa de la investigación, cuando recibí una beca interna de posgrado tipo II, otorgada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), y luego una beca posdoctoral para seguir con mis investigaciones.

Durante estos años, he participado de dos UBACYT y un grupo de investigación: el primero, «Trabajo y salud en la Argentina: saberes académicos y políticos (1915-1955)» dirigido por Karina Inés Ramacciotti y Carolina Biernat y el segundo, «Movimiento obrero e izquierdas en la Argentina, 1890-1945. Nuevos problemas, fuentes y enfoques para abordar un vínculo complejo», dirigido por Hernán Camarero. El trabajo en ambos equipos, las charlas, los debates y las lecturas me han servido para delinear ideas fuerza e hipótesis. Este trabajo se vio enriquecido por la colaboración de sus integrantes. El grupo de investigación Núcleo de Historia Social dirigido por Andrea Andujar, ha sido un espacio de debate fundamental para el enriquecimiento de este trabajo.

El agradecimiento mayor es, sin lugar a duda, para Karina Inés Ramacciotti, quién desde su solidez intelectual, predisposición y paciencia, apoyó y acompañó este proceso de manera permanente. Durante estos años, ella discutió ideas que aquí se vuelcan, corrigió borradores una y mil veces con una mirada rigurosa y poco condescendiente (lo que me ayudó a aprender este oficio) y siempre brindó sugerencias para mejorar el trabajo. En todos estos años de apoyo y dedicación, fue quién me enseñó este oficio, y por esto se convirtió en mi mejor guía.

Debo destacar el apoyo de Silvana Palermo y Andrea Andújar, quienes han leído, criticado y contribuido de manera sagaz con la producción de este trabajo, sobre todo, en las últimas etapas, cuando son necesarias segundas lecturas que afinen el planteo de las hipótesis y argumentos. Igualmente se hace imprescindible agradecerle a Dora Barrancos y Agustín Nieto. Ellos han leído, criticado y comentado, varios trabajos, que, bajo la forma de artículos y avances, fueron parte de este estudio. Su mirada sólida y especializada contribuyó al replanteamiento de varias ideas y al mejoramiento de otras. Sin dudas me merece un agradecimiento Hernán Camarero que se ha destacado en su ayuda en la búsqueda de material documental. El hallazgo de El Obrero Textil, mi fuente principal, no hubiera sido posible sin su ayuda.

También, un agradecimiento muy especial para Adriana María Valobra, ella, desde su mirada inteligente, leyó borradores, criticó, colaboró y me ayudó en la búsqueda de fuentes, además de resolver consultas intempestivas. Se convirtió en un apoyo desde lo intelectual, pero también desde lo afectivo. Asimismo, tengo la necesidad de agradecerle a Graciela Queirolo, siempre tan solícita, me ha facilitado material, bibliografía y siempre estuvo atenta ante mis consultas imprevistas.

Debido al contexto tan crítico en el que este libro es publicado fue pasando el tiempo y se fueron sumando colegas del extranjero cuya mirada ha enriquecido aun más este trabajo: Bryan D. Palmer (Canadá) por sus críticas sagaces y constructivas, Susan Ferguson (Canadá), Tithi Bhattachayra (Estados Unidos), Jessica Stites Mor (Canadá), Julie Guard (Canadá), que me han aportado agudos comentarios sobre proyectos de investigación y artículos que luego he vertido en esta obra para mejorarla y actualizarla.

Asimismo, es imposible dejar de agradecer a los amigos y colegas que, desde diferentes lugares y puntos de vista han colaborado al darme sus opiniones y consejos. Entre ellos se encuentran, Lucas Poy, Laura Caruso, Natalia Casola, Ludmila Scheinkman, Silvana Ferreyra, Mara Petitti, Maximiliano Camarda, entre muchos otros. De todos ellos no solo recibí aportes académicos, sino también afectivos en momentos tan difíciles.

Otro agradecimiento obligado, es para Víctor Kot. Él me facilitó el periódico sindical que aquí se utiliza como fuente principal. Siendo hijo de un destacado militante de la UOT de la década del treinta, tenía en su poder la colección completa del periódico gremial y tuvo la consideración de ofrecérmelo para que yo hiciera una versión digital. Mi reconocimiento es infinito, obviamente sin este material el trabajo no hubiera sido posible.

Una investigación es imposible sin el trabajo de archivistas y bibliotecarios. Quiero destacar la amabilidad y el profesionalismo de los trabajadores de los numerosos archivos que consulté que siempre se mostraron pacientes frente a mis dudas y solicitudes. Pero quiero subrayar la predisposición siempre atenta de Beatriz «Taty» Muñoz, quién es la encargada del Archivo Documental del Partido Comunista y ha estado siempre, presta, solidaria a buscar y hasta sugerir material. También va mi agradecimiento para las bibliotecarias de la Biblioteca Obrera Juan B. Justo, quienes solícitas, me ayudaron en la búsqueda de material del Partido Socialista siempre con buena predisposición y amabilidad. Y un agradecimiento muy especial para los archivistas y bibliotecarios de las bibliotecas Presbich y Tornquist del Banco Central quienes prestaron toda su colaboración con las fuentes oficiales que tuve que relevar.

En otro orden de cuestiones, la producción de este trabajo implicó, entre otros costos personales, restarles tiempo a mis afectos. Implicó doblar esfuerzos entre la investigación y la maternidad, y en este aspecto quiero destacar el apoyo de Victorina Pereira Narváez, Vicky, quién con amor y dedicación me ayudó a hacer posible lo imposible: combinar la investigación y la maternidad.

A mis viejos, a mi hermana, a mi tía y a mis primos qué más que agradecerles el haberme estimulado a seguir siempre mis convicciones y principios Fueron un apoyo afectivo fundamental en los momentos más difíciles. Gracias. A mi cuñada, de quién también recibí consejos y apoyo. A mi suegro, que ya no está, pero en las charlas compartidas sobre los temas que estaba investigando a veces encontraba respuestas a mis preguntas. Gracias. A Lautaro, mi compañero, no puedo más que agradecerle el haber estado siempre, en múltiples facetas: desde leer varias partes del trabajo y brindar sus opiniones hasta hacerse cargo de todas las tareas de la casa en los momentos en que yo me vi desbordada por el trabajo. Por último, hacia el final de este viaje llegó León, mi hijo, a quién le agradezco el haberme dado fuerzas y alegría para seguir adelante.